Hay cocineros que transforman la gastronomía desde la técnica, y hay otros que lo hacen, además, desde la sensibilidad y el afecto. El chef Tomás Fernández pertenecía a ese grupo extraordinario que logró ambas cosas.

Pionero indiscutible de la cocina fusión con sello criollo en Venezuela a mediados de la década de 1990, Tomás marcó un hito en nuestra escena culinaria al elevar los ingredientes autóctonos a propuestas de vanguardia internacional.
Su visión en fogones emblemáticos como Spyro Gyro, Acuarela, Aromas o Le Bistro redefinió la manera en que entendíamos nuestros propios sabores, demostrando que la cocina tradicional podía dialogar en igualdad de condiciones con las técnicas continentales y asiáticas más depuradas. También fue ganador del Tenedor de oro a mejor chef en el 2008.
Pero más allá de las luces de la alta cocina y de su destacada proyección, Tomás Fernández nunca perdió la conexión con el origen, con el fuego del hogar y con el valor emocional de la mesa.
Cuando iniciamos el viaje de Historia de la Arepa con nuestra primera publicación “Juega con Soy la Arepa”, tuvimos el honor y el privilegio de contar con su generosidad. Tomás no solo nos regaló una receta; nos entregó un pedazo de su infancia, un testimonio lleno de luz sobre cómo el amor de una madre, traducido en harina y papelón, sembró en él la semilla de una vida dedicada al arte culinario.
Tras su partida, rendimos homenaje a su legado, a su amistad y a su pasión indiscutible compartiendo nuevamente sus palabras y su receta: Palitos de dulce arepa. Porque, como él bien nos enseñó, pensar en la arepa es pensar en felicidad absoluta.
Palitos de dulce arepa
Por Tomás Fernández


«La arepa es mi plato favorito. Me he comido más de 60.000, pues en casa las comemos en el desayuno y en la cena desde siempre. Mi mamá nos hacía palitos de arepa o arepitas dulces fritas en las tardes aburridas, y el sentarnos a disfrutarlas era un verdadero gozo, la alegría inundaba nuestro hogar y el paladar.
También las comíamos en los viajes a la playa, vía Tucacas. Si te fijas en el nombre de la receta al revés se leería como Arepas dulces del palito, y El Palito es un lugar por donde muchas veces pasé camino a la casa de la playa.
Pensar en ellas es pensar en felicidad absoluta. Saborear y oler esos deliciosos palitos de dulce arepa o arepa dulce de palitos, hace que regrese a mi infancia, la cual estuvo endulzada con amor maternal en forma de arepa. Hoy soy yo quien las hace para mi familia.»
Ingredientes
- 1 taza de agua
- 1 pizca de sal
- 2 cucharadas de azúcar o papelón rallado
- 1 taza de harina de maíz precocida
- 2 tazas de aceite para freír
Utensilios
- 1 cuenco para amasar
- 1 trozo de bolsa plástica para aplastar
- 1 sartén para freír
- 1 colador
- Papel absorbente para escurrir
Preparación
- Poner en un cuenco la taza de agua, agregar la sal y el azúcar o papelón hasta diluir; luego agregar la taza de harina y dejar reposar por unos minutos. A continuación, amasar hasta obtener una masa manejable.
- Aparte, poner el aceite en la sartén para precalentar.
- Sobre la bolsa plástica, hacia un extremo, poner una bolita de masa, cubrirla con el otro lado de la bolsa y aplastar hasta lograr una masa muy finita. Es muy importante que sea fina pero manejable, así se inflarán al freír en el aceite caliente.
- Cortar palitos irregulares y divertidos. Freír hasta que doren y escurrir en papel absorbente.
- Servir calientes con abundante queso blanco rallado.
¡Buen apetito!
Sobre Tomás Fernández
Sus comienzos en el arte culinario fueron azarosos. Luego de dejar los estudios, una vecina que daba cursos de cocina básicos para casaderas lo invitó a participar en lo que un poco más tarde sería una de sus pasiones universales. A partir de entonces no paró: desde los 17 años su vida estuvo ligada íntimamente a los fogones. Recorrió el mundo y cocinó en ciudades como Santiago de Chile, Córdoba y Londres. Además de la cocina, sentía un profundo amor por el cine y se permitió una profesión paralela e igualmente noble: la de guardacostas.
Gracias por tu memoria, por tu sabiduría y por endulzar nuestra historia, Chef.























